Colombia, la grande, brilló en tierra de los zares
Por: César Augusto Londoño

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La selección Colombia jugó ante Polonia en el Mundial de Rusia uno de los mejores partidos de su historia. Y lo hizo en medio de la presión, por una derrota inesperada, ante la incredulidad de muchos y pesadas críticas. El barco estaba en llamas y muchos lo daban por hundido.

Pero la selección y el planteamiento de Pékerman, demostraron una vez más que ante la obligación y  la necesidad, fueron capaces de mostrar el carácter, la valentía y la categoría que le ha dado nombre internacional a nuestro fútbol, como lo hizo de visitante ante Ecuador, Chile, Bolivia, Paraguay y Perú en la eliminatoria, en momentos en que tenía la soga al cuello.

Demostró contra Polonia que una cosa son los titulares y otra los suplentes y que es muy diferente jugar con 11 que con 10. Regresaron a la titular James, Mina y Abel Aguilar que abandonó el campo lesionado a los 32’ cuando jugaba bien.

Esta vez Pékerman acertó incluyendo a Matheus Uribe que fue gladiador en el complemento, acertó juntando a James y a Quintero porque la calidad nunca se repele, también alineando a Yerry Mina que da un plus en el juego aéreo como lo demostró en el primer gol de cabeza a los 40’, acertó disponiendo de la experiencia porque estamos en un Mundial donde la improvisación pasa factura y encontró un juego inteligente, paciente y efectivo, que interpretaron correctamente sus jugadores.

Hoy nadie dejó dudas, todos fueron figuras, tal vez más alguno que otro, pero el aplauso es para ese colectivo que nunca perdió la fe, que jamás desfalleció y que se llenó de seguridad y confianza para salir a mar abierto en medio de la tormenta.

El primer tiempo fue correcto y laborioso. Se quitó rápido la intensidad ofensiva de Polonia en los primeros minutos y fue adueñándose paulatinamente del balón y los espacios. Después de dos llegadas a los 23’ y 37’ una jugada tras un  cobro de esquina entre Cuadrado y Quintero le permitió a James ponerle en bomboncito una pelota a la cabeza de Mina que decretó el 1-0.

El segundo tiempo fue una catedra de buen jugar y efectividad, rayó con la perfección futbolística y después de dos llegadas claras de Falcao y Quintero, más otra de Lewandowski que resolvió Ospina; un pase al espacio de Quintero a los 70’ le permitió a Falcao cantar su primer gol en un Mundial que esperaban, como la llegada del niño Dios, 50 millones de Colombianos.

Cómo lo cantó, cómo lo celebró el gran capitán que se merece todos los premios que puede dar la vida. Cinco minutos después otra vez James en su mejor expresión creativa, dejó solo a Cuadrado que cabalgó con potencia y puso los cañones navieros en la portería de Szczesny para redondear su mejor actuación en años con Colombia.

Los jugadores se comieron la cancha y Colombia selló una actuación memorable en la Arena de Kazan. Ese barco casi naufragado por la derrota ante Japón, tocó puerto y levantó velas gracias a un Ospina seguro y guapo, a Arias correcto y ganador, a Davinson recuperado y acertado, a Mina anotador y eficaz, a Mojica arriesgado y solvente, a un Barrios inmenso y poderoso, a Matheus que entró sintonizado y multiplicado, a James certero y voluntarioso, a Quintero dueño de clase y categoría, a Falcao luchador y goleador, y a un Cuadrado que jamás olvidará en su vida la noche del 24 de junio del 2018 en Rusia.

La selección mostró su poder colectivo, la importancia de sus individualidades y las buenas decisiones del entrenador que supo enmendar desaciertos del primer partido, para que ese barco con la tricolor en el viento de los zares, pueda zarpar ante Senegal con ilusión y suficientes motivos para volver hacer historia en una Copa del Mundo.

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